EL SENTIDO DE LA ESCUELA Y EL SABER PEDAGÓGICO



EL SENTIDO DE LA ESCUELA Y EL SABER PEDAGÓGICO


Sin duda alguna, una de las grandes incertidumbres que tiene el estudiante de licenciatura, sin importar el área de conocimiento, tiene que ver con su eventual desempeño en la bien conocida “práctica docente”. Esta práctica condensa, en gran medida, un largo periodo de formación en donde verdaderamente se sabe si el sujeto en cuestión está preparado para asumir la docencia y asumirse como docente. En ese sentido, es importante decir que una de las grandes preocupaciones, tiene que ver con ese primer encuentro en el aula de clase, dado que si bien se cuenta con una buena preparación, ello no garantiza que los resultados sean cien por ciento favorables.

Muchos son los casos de jóvenes practicantes que relatan sus primeros encuentros en el aula, dado que para algunos, esa primera experiencia resulta ser gratificante y fortalecedora, mientras que lamentablemente para otros, este primer encuentro es la confirmación de un posible fracaso el cual es causante de desconcierto y desazón. Pues bien, muchos practicantes coinciden en que son diversos los factores que se deben afianzar a la hora de llegar al aula, algunos de ellos son: la puesta en escena que tenga el profesor hacía sus estudiantes[1], nivel de autoridad y dominio del aula[2], comprensión del contexto de enseñanza- aprendizaje, y sobre todo insisten en que se debe tener buen dominio conceptual si se quiere implementar una buena metodología con posibles proyecciones didácticas.

Elementos como los citados anteriormente plantean dos inquietudes: la primera tiene que ver con esa reflexión constante que gira en torno a la naturaleza de la enseñanza y los espacios de aprendizaje; la segunda,  por su parte,   se ajusta a la reflexión de lo que en educación se conoce con el nombre de “saber pedagógico”, saber que le es propio al docente, pero que en ocasiones no ha sido plenamente reconocido. Con respecto a este último punto, Eloísa Vasco Montoya reconoce la existencia de este tipo de saber, afirmando en su artículo Pedagogía, discurso y poder lo siguiente: “Cuando el maestro responde en que trabaja se suelen dar respuestas como: “dicto sociales, literatura etc.” y es aquí cuando podemos evidenciar que aunque el maestro este dando una respuesta coherente a la pregunta, detrás de ello se encuentra implícito un saber especifico y relativamente autónomo que tiende necesariamente a un quehacer, el que hacer de enseñar. Ese es el saber pedagógico”. 

Es muy probable que gran parte del éxito o fracaso que se tenga en la práctica docente, se encuentre ligado a la comprensión o incomprensión de este concepto, puesto que si bien adquirimos una serie de conocimientos epistemológicamente establecidos, existe como tal otro tipo de conocimiento que sólo es posible adquirir a través de la interacción en el aula y que resulta ser un conocimiento mayoritariamente empírico en la medida que se establece a través del contacto con los alumnos y su contexto, con el espacio físico y con la realidad del estudiante, con el contenido que atraviesa el área y su posible implementación en el aula; todo ello se enmarca en la constitución de lo que el docente implícitamente ejerce, pero que en ocasiones no sabe, y es el saber pedagógico. 

Pero bien, otro de los interrogantes que manifiesta el futuro practicante, e incluso el mismo docente, tiene que ver con el desafío de la significatividad que se supone debe tener las actividades en el aula. Por esta razón, es necesario replantearse las actividades en el aula como se asegura en el texto“ El oficio de enseñar” Capítulo 4, “Reflexiones en torno a cómo enseñar” de Edith Litwin,  ya que es importante que el docente planee, valore, se tome el esfuerzo por implementar un proyecto que se dirija a una mejora de los procesos y resultados, proyectos específicos que susciten el cambio, la mejora de por ejemplo: el desarrollo de contenidos en el aula de manera más eficaz; consiguiendo también, que los estudiantes se sientan incentivados o estimulados a responder por las diferentes prácticas o actividades que se llevan a la escuela que los lleva a tareas autónomas como la reflexión en torno a su propia acción.

Desde esta perspectiva, se empiezan a gestar interrogantes que parten de la reflexión en torno a cómo enseñar, y en este sentido otro de los cuestionamientos surge en torno al papel que tiene la innovación en el aula y la necesidad de presentar los tan conocidos “temas” de modo distinto, de tal manera que se capte la atención del auditorio, pero además que dicha temática trascienda y se instaure en el proceso de aprendizaje llevado a cabo por el estudiante.  Algo cierto que se sustenta en el texto anteriormente nombrado sobre la implementación de estrategias de innovación en la escuela: “Las innovaciones requieren que los docentes reconozcan su valor, que las hayan adoptado porque las consideran valiosas, que hayan decidido diseñarlas, implementarlas en función del afianzamiento de un verdadero proceso de enseñanza- aprendizaje”.

Desde nuestra perspectiva pensamos que es importante crear  en la escuela  una propuesta, apoyada en el texto, sobre lo que significa integrar “en las manifestaciones de los docentes, significa que los estudiantes doten de sentido el conocimiento adquirido. Esto es, que reconozcan su origen, su valor y su vinculación con otros temas o problemas. Pueden relacionarlo con el pasado histórico, con intereses sociales, con necesidades personales. Integrar es desde la perspectiva del conocimiento, relacionar.”, en ese sentido nuestra propuesta se basa en la integración como una estrategia muy útil en la escuela, definida como “aquellas explicaciones de los docentes o propuestas de actividades dirigidas a la conformación de un todo o una estructura y a la realización de sentido entre temas, conceptos o campos.”, de esta manera y como estudiantes universitarios que realmente hemos experimentado con ello vemos que en muchas áreas se imparten contenidos o temáticas que se abordan desde una perspectiva única y, en ocasiones, unas áreas muy desligadas de otras y no se ve un sentido construido entre todas ni un sentido construido a partir de nuestra vida cotidiana, o a algo cercano traído a la escuela y desde ahí creemos que es un error muy común y muy grave que cometen los docentes en la actualidad en las aulas porque esto influye en la manera como los estudiantes toman todos estos contenidos, temáticas y será como si estuviésemos hablando cada uno en un idioma diferente donde no nos entendemos y que asimismo no nos importa lo que dicen los demás y por lo tanto no nos preocupamos por que esos conocimientos queden en nuestras mentes de manera aplicada y entendida.

Y nuestra mayor preocupación y el foco del problema es la generación de sentido para los estudiantes de los contenidos impartidos en el aula, que la cantidad de información que se pretende ellos apropien a su conocimiento se realice mediante un proceso de integración, como afirmábamos anteriormente: desde un ejercicio de relación entre conocimientos ya adquiridos y conocimientos por adquirir para que realmente lo lleven a cabo en su vida cotidiana, lo recuerden, lo apropien, le den un verdadero significado y no se convierta en una cátedra tradicional sin ninguna aportación, con un contenido inmóvil y sin sentido.


[1]Esto conlleva elementos como: Buena modulación de la voz,  buen desplazamiento en el aula,  buen acompañamiento corporal y gestual, coherencia y claridad en el discurso etc.
[2]   Muchos coinciden en que no hay necesidad de entablar una relación autoritarista entre profesor y estudiante, es decir, el maestro  grita y amenaza y los estudiantes obedecen.  En contraposición, afirman que muchos docentes entablan relaciones de respeto a través del diálogo con los alumnos  y la construcción de planes de trabajo que parten de los intereses del estudiante. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario